En estos primeros días de Enero paseo felizmente por las calles, jardines y rincones de mi ciudad.
La mañana de Año Nuevo, yendo al encuentro de una amiga, enfilo Carlos III extasiada por la sensación de que no es la Maite de 64 años la que pasea sino la de 10 años que saliendo de la calle Olite sube dando saltos Carlos III y dobla en Iturralde Suit ( ahora no sé cómo se llama esta calle) hasta llegar a su colegio el Santo Angel, en la Avda. Galicia.
Me gustaba estudiar, a no ser que tocaran mis huesos: Física o Matemáticas, así que marchaba siempre contenta.
Conforme pasaban los cursos mis intereses en el camino al cole fueron variando. De pisar charcos y buscar buenos mármoles para jugar a la china pasé a interesarme por ¨ la otra acera¨, la de los chicos, por donde subían los de Jesuítas o Maristas, Me gustaban los del equipo de baloncesto que a parte de ser los más altos y guapos eran los que más cucamonas nos hacían a las chicas.
Camino por Carlos II, sí, voy contenta sí, pero donde yo quiero volver es a la calle Olite, a mi casa, al 3º izquierda, a su cocina, sus aromas, a la mamá, a la yaya, a la radio.
Vuelvo a mi casa de la calle Olite por Navidad.
-¿Sabeís una cosa?
-¡Vuestro nieto mayor ha venido a vivir a Pamplona
-¿A la calle Olite?
-¡No! ¡ A la Rochapea!.
Cuando de niños nos asomábamos a la barandilla de la Media Luna, veíamos la Madalena, las huertas, el Arga. Ahora todo está urbanizado: viviendas, paseos, jardines, toda Pamplona comunicada.
Ahora miras desde el balcón y ves las murallas, la torre de San Saturnino y te dices:
-Qué bien que estoy de nuevo aquí, en mi casa, en mi ciudad.
-Os digo que la vida sigue adelante y vamos dejando huella. Ellos están aquí.
í.